Brotes – germinación

Con la germinación de semillas se produce “mágicamente” la explosión de complejas sustancias de altísimo nivel nutritivo y energético que eran inexistentes o escasos en la semilla latente. Al consumir brotes adquirimos grandes beneficios en energía vital y salud.

Con adecuada presencia de humedad, temperatura y oxígeno, se generan procesos fermentativos o enzimáticos. En pocas horas modifican la composición química de la semilla:

  • El agua pasa de 10-15% al 70-80%.
  • Los almidones se transforman en azúcares simples, que dan el sabor dulce que presentan.
  • Aumentan las proteínas hasta un 20%, que se transforma en aminoácidos libres, fácilmente asimilables.
  • Se incrementa la presencia de ciertos aminoácidos, incluso aparecen inexistentes con anterioridad.
  • Aumenta el volumen significativamente incluso desde poca cantidad de semillas.
  • Se produce un estallido de contenido vitamínico (grupo B, C, D y E) y se sintetizan aún inexistentes (vitamina C).
  • Explosión de enzimas, muy útiles para los procesos digestivos.
  • Las grasas se transforman en ácidos grasos libres.
  • Los minerales se hacen biológicamente asimilables.
  • Se sintetiza la benéfica clorofila si dejamos nacer las hojas.
  • Desintoxican y alcalinizan el cuerpo.
  • Tonifican el sistema nervioso.
  • Regulan el intestino.
  • Regeneran la sangre.
  • Combaten muchísimas enfermedades, raquitismo, escorbuto, anemia, descalcificación, diabetes e incluso Cáncer.

 

La germinación es la técnica alimentaria que cumple todos los requisitos de una alimentación viva, garantizando: contiene el más alto valor nutricio, la mayor eficiencia metabólica, el menor impacto ambiental, el mínimo ensuciamiento corporal y la máxima vitalidad energética. Además es de bajo costo y fácil de realizar: se puede desarrollar en la mesada de la cocina, ocupando muy poco lugar.

La riqueza nutritiva presente en los primeros días de desarrollo del brote no se presentará nunca más en la planta, por lo que hay que consumir los brotes en el momento justo.

Las semillas pequeñas como alfalfa, sésamo, amaranto y mijo, crecen rápido y sin problemas, ofreciendo un sabor marcado, ideales para ensaladas.

Entre las gramíneas está el trigo que se germina en tierra, de quien se aprovechan las hojas y la clorofila.

 

¿CÓMO BROTAR?

Es ideal conseguir semillas orgánicas (que no hayan sido tratadas químicamente) de lo contrario es probable que no broten al igual que las semillas rotas.

 

  1. REMOJAR: Lavar las semillas, desechando las que se encuentren en malas condiciones. Dejarlas en remojo (el tiempo recomendado en el cuadro para cada una) preferentemente en agua filtrada o mineral, en un frasco de vidrio de boca ancha cubierto con una gasa de algodón y una bandita elástica. No coloque más semillas de las que puedan desarrollarse cómodamente en el frasco. Por ejemplo, las semillas de alfalfa generan un volumen 15 veces mayor al inicial.
  2. ESCURRIR: Una vez remojados, descartar el agua y enjuagarlos. Colocar el frasco en 45⁰ con la boca del frasco hacia abajo, con lo que aseguramos el drenaje del agua y que le llegue oxígeno a las semillas. Colocar en un lugar donde circule aire pero cubierto con alguna tela que impida la luz directa.
  3. LAVAR: Enjuagar los brotes 2 o 3 veces por día, entre 3 a 5 días escurriéndolos muy bien. Se pueden mantener por 4 o 5 días pero se recomienda consumir lo antes posible para aprovechar al máximo sus nutrientes.

TABLA

Durante las primeras 48 hs. es conveniente que el frasco se encuentre en cierta oscuridad, lo que simula las condiciones naturales de germinación (utilizar un paño, pero no quitar la aireación). Luego cuidar que no le dé el sol en forma directa. Al concluir su desarrollo y antes de comerlos es bueno ponerlos a la luz solar indirecta para que fijen la clorofila.

Luego enjuagarlas bien (removiendo con las manos y descartando cáscaras sueltas). Ya se pueden consumir o conservar en heladera, el frío detiene la germinación por varios días.

 

 

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